FRACASO ESCOLAR

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El fracaso escolar no es una enfermedad ni tampoco un trastorno. Es sólo el resultado del mal funcionamiento de un conjunto variado de factores; y no siempre los factores que fallan están en el joven que experimenta el fracaso.

La casi totalidad de los jóvenes que obtienen calificaciones insuficientes en el colegio no presentan un déficit de inteligencia. Por tanto, el origen del problema hay que buscarlo en otras causas:

Déficit
El joven no tiene una idea de sí mismo que justifique el esfuerzo y las incomodidades del estudio. En la formación de esta idea, que es un componente esencial de la identidad, influyen poderosamente los padres y las personas cercanas en la infancia.
Déficit
El joven puede padecer un problema o incluso un trastorno de la atención (en ocasiones con hiperactividad), que dificulta  mucho alcanzar los objetivos académicos.
Malestar
El joven sufre conflictos con las personas de su entorno, que dañan sus emociones y le hacen perder la ilusión y la motivación por el esfuerzo del estudio. El fracaso escolar puede ser una manera de expresar el malestar con ciertas actitudes de los padres.
Trastornos
El joven sufre síntomas de ansiedad (temor, fobias, inseguridad), que afectan a su capacidad de aprendizaje, tanto en la concentración, como en la memoria, en la realización de los exámenes o en la relación con los profesores (capacidad para preguntar dudas, por ejemplo). También es causa de fracaso escolar la depresión, muchas veces no detectada en los jóvenes, que afecta tanto a la motivación como a la capacidad de concentración de los afectados.
Fallos
La forma de estudiar ciertas materias puede no ser la adecuada para muchos jóvenes, cuya inteligencia está más desarrollada para otras formas de aprendizaje o para otras áreas del conocimiento. La homogeneización de los sistemas educativos puede condenar al fracaso escolar a jóvenes inteligentes y con motivación que no dominan las técnicas de aprendizaje exigidas.

Por tanto, el manejo del fracaso escolar requiere en primer lugar un diagnóstico muy certero de las causas del mismo, para orientar el tratamiento a dichas causas. El mal manejo del fracaso escolar tiene repercusiones muy negativas no sólo en las relaciones familiares sino también en la personalidad del joven. La percepción de no ser capaz de  sacar adelante los estudios produce sentimientos de inferioridad y de humillación en el joven, que son sumergidos en el inconsciente mediante mecanismos de negación y de justificación que resultarán muy perniciosos. Estos mecanismos de defensa pueden generar actitudes de desdén hacia las normas y hacia las “buenas costumbres” y propician la identificación con actitudes oposicionistas y disociales, en un intento de mantener la autoestima.